Para conseguir la formación
integral de los alumnos, la colaboración e implicación de las familias ha de ser constante,ya que permitirá ampliar nuestro espacio de acción, debate y análisis crítico. Por tanto, y teniendo en cuenta la entrada anterior, surge la necesidad de recordar que todo planteamiento coeducativo realizado por el profesor debe contar con el respaldo de la comunidad educativa.
Las familias constituyen el primer agente de socialización, y son transmisores naturales de conductas y valores que influirán de forma determinante en el salto de los alumnos de la escuela a otros ámbitos.
Además de su implicación en el proceso educativo para que éste sea igualitario, los padres han de actuar en casa contribuyendo a una igualdad de oportunidades efectiva teniendo en cuenta lo siguiente:
- No reproducir roles sexistas, por ejemplo en el reparto de las tareas domésticas.
- Defender en todo momento la intolerancia hacia la violencia de género.
- Apoyar las opciones elegidas por los hijos en cuanto a las materias e itinerarios que escogen, así como hacia sus estudios superiores sin sesgo por sexo.
- Fomentar el respeto a la diferencia y el dialogo como vía para resolver conflictos.
- Trabajar en el plano afectivo para eliminar estereotipos o modelos sexistas, tanto en el ámbito doméstico como en otros como el ocio o el deporte (romper con la idea de niñas frágiles y delicadas y niños fuertes y agresivos a la hora de escoger una actividad física).
Como ejemplo de buenas prácticas de la comunidad educativa resulta interesante investigar sobre la labor de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado

